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CALOR

In Citas y pensamientos on febrero 25, 2007 by dewmarch

Relato erótico de Yamila A. Garab publicado en Letras derramadas…
 
 

El calor que percibió cuando él le dio un beso le recorrió todo su cuerpo; sus pómulos se sonrosaron al igual que las mejillas; sus ojos brillaron por un instante eterno y la alegría no pudo ser contenida. Dicho calor, que apareció desde los pies, fue subiendo intensamente hasta la coronilla, transformando cualquier tipo de malestar, miedo o ansiedad que estuviera bloqueando aquel preciso, dichoso e intenso momento. El presente era mágico, inigualable, y a la vez ambiguo; le invadieron ganas de moverse y quedarse quieta. Comenzó a transpirar. La temperatura ambiente superaba los 30°; sintió internamente fuego. Sus caderas se movieron a un ritmo ajeno a su mente y en un movimiento mutuo, lo duro y lo blando encontró placer en un acompasado vaivén. La ambigüedad de sentirse tan lejos y a la vez tan cerca comenzó a ser un hastío. Ni siquiera el contacto era suficiente. Ya no podían contener más la necesidad de entremezclarse. Aquel lugar público los miraba de reojo mientras ellos trataban de olvidar las leyes sociales. Ella desabrochó el primero del sinfín de botones de su vestido. Al botón número trece su corazón no tenía freno, sus pechos húmedos de saliva se erizaron con una leve brisa. Botón número quince. Ya nada importaba, sólo el último botón le permitiría sentirlo intensamente. Ella ya ni escuchaba los ruidos, sólo le invadía la respiración entrecortada de él. Recién el botón número diecinueve marcaba el tiempo. ¿Cómo explicarle la necesidad urgente de sentirlo? Ni siquiera le salían las palabras. Botón número veintitrés. La lengua de él bordea el ombligo y ella no puede contenerse más y esboza una frase que apenas llega a articular entrecortadamente: "Ahora por fav…". Es en ese instante que comienza a ver en cámara lenta miles de botones volando por el aire, sintiendo a la vez que se elevaba, siendo de pronto dos seres étereos en la vacuidad del espacio. Sus respiraciones se superponían en un ritmo cabalgante. El placer era circular fusionándose en un punto de elevación infinita. Inexplicable interpenetración mutua y regeneración de átomos. Se detuvieron en la cima un instante eterno y luego comenzaron a bajar poco a poco. Los últimos diez metros del descenso sintieron la densa gravedad. Los transeúntes de lejos miraban hacia otro lado. Una vez incorporados volvieron a sentir el calor ambiental. Ambos sonrieron y él le prometió al oído que le compraría un nuevo vestido.

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