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NOSOTRAS QUE NOS QUEREMOS TANTO (Extracto)

In Libros on junio 5, 2007 by dewmarch

Mi parte favorita del libro de Marcela Serrano… la historia de amor de Sara:
 
El tiempo en el que Sara y Francisco se quisieron fue largo. A decir de ellos, se adoraban. Sentían conocerse como almas gemelas, uno suspiraba y el otro sabía por qué. No habrían desechado un arresto domiciliario mientras les hubiese tocado juntos. Todo lo que cada uno pensaba se lo transmitía al otro; se interrumpían diez veces en la lectura para leer en voz alta lo propio. Querían compartirlo todo.
 
Pasaban horas sintiendo el goce de acompañarse: en la cocina, en el escritorio, en la cama. Ni la vejez ni la muerte ni el olvido eran palabras posibles allí, para no mencionar siquiera el desamor. Las carnes de Sara -abundantes- eran la locura de Francisco, ni hablar de dietas ni adelgazamientos. Cada rollo era festejado y amado, se los palpaba y acariciaba, sus líneas rubensianas lo excitaban. Sus pechos grandes eran su adicción, ponía su cabeza entre ellos y ésa era la gloria. Sus sesiones de amor eran largas, permanentes y delirantes. Cuando se aburrieron de buscar distintas posiciones, quedaron en la que más les gustaba y no trataron de innovar ni de ser originales. Sara arriba de él, montada en él: ése era el extásis. Se miraban al acercarse el goce final como si los ojos de uno fuesen a ser robados por el otro. No sabían ya cómo fundirse más, cómo hacer sentir al otro tal compenetración: se devoraban. Y luego Sara, jadeante, escondiendo su cara en el hueco de la axila de él, sentía sencillamente que no le cabía tanto amor. A veces creía que explotaría. No entendían cómo habían llegado a estar tan cerca y no se acordaban ya de cómo era la vida antes, sin el otro.
 
 
Y más adelante:
 
Sara lo acompañaba en todas las actividades públicas, que eran muchas. Cuando él se dirigía a la audiencia, y mientas más masiva fuera ésta, la fascinación de Sara era juntar en su mente a ese hombre público con el hombre de ella, el privado. ¿Sospecharía esa masa que las mismas manos que apuntan y golpean la mesa la acarician a ella, temblando a veces? Le fascinaba la idea de imaginarlo -al duro revolucionario- como a un niño pegado a sus pechos. Al ver su cuerpo parado en un escenario, su imaginación lo desvestía y se enorgullecía de los músculos de esas piernas cuyas curvas conocía una a una, de memoria. La severidad de su imagen pública la incitaba a convertirlo de noche en el menos severo de los hombres. Cuando lo veía en reuniones importantes discutir con el ceño fruncido por la preocupación, con la mente del todo ajena a ella, le cosquilleaba el estómago -el vientre- de saber que ese mismo era SU hombre, que sólo ella sabía sus fantasías; que de verdad existían fantasías detrás de esos anteojos rigurosos; que ella sabía cómo enloquecerlo, sabía qué fibra tocar y por dónde comenzar para sentir que su respiración cambiaba, que conocía cada una de sus debilidades y que éstas serían suyas el minuto que terminara la reunión. Y cuando lo veía sonreir a otros de modo casual y distante, se iluminaba pensando cuántas veces esa misma sonrisa era para ella. O sea, tratándose de Francisco, las cosas en apariencia más ajenas al amor eran las que más la incitaban y predisponían a él.
 
Mientras más lejano lo veía, más temblaba de saber que luego vendría a su cercanía.
 
Todo en Francisco la encendía. Sara vivía en un estado de permanente humedad. Como dice ella, se enamoró verdaderamente como una estúpida.
 
 
¡Así quiero enamorarme yo! jajaja
 
Luego viene la historia de desamor, donde él le pone el cuerno una vez y ella se hace de la vista gorda… o no se da por enterada… Él le pone el cuerno por segunda vez y ella lo deja… y luego lo perdona y regresa con él… Y esa misma historia se sucede una y otra y otra vez, incluída una traición con alguien a quien ella consideraba una amiga… El desliz de Francisco y el perdón de Sara se repiten hasta que un día es él quien la deja a ella (para esto ya tenían una hija)… Aún después de eso, se convierten en amantes ocasionales…
 
Por eso decía yo que me gusta la historia de amor de Sara, que no la de desamor… No sé si yo podría perdonar una infidelidad… supongo que mi respuesta de toda la vida habría sido que no… pero fue precisamente otro libro de Marcela Serrano (El albergue de la mujeres tristes) lo que me hizo replantearme la respuesta… Siempre he creído que una infidelidad, estando yo así de enamorada, me devastaría… así que ahora pienso que más que cuestión de perdonarlo o no, sería cuestión de superarlo… Le pediré a Clau su libro para incluir aquí el relato que me hizo re-pensar esto de la infidelidad…
 
De momento estoy leyendo "Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus"… lo había empezado hace tiempo pero luego no supe dónde quedó el libro… y ahora lo encontré y he empezado de nuevo…
 
 
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2 comentarios to “NOSOTRAS QUE NOS QUEREMOS TANTO (Extracto)”

  1. muy genial ^^

  2. El extracto que comentas es muy real. Efectivamente a diario hay muchas mujeres que perdonan en su vida la infidelidad de sus parejas, y por una razón muy poderosa; “EL AMOR QUE SE SIENTE POR EL SER AMADO”.

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