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PANCHO VILLA Una biografía narrativa

In Libros on enero 18, 2009 by dewmarch

El otro gordo (el de Maitena fue el primero… el gordo amarillo). Este libro tiene 854 páginas (más 30 de la bibliografía) y más de 400 fotografías… A esto de las fotos no le hagan mucho caso… vienen en micro-tamaños e impresas en blanco y negro, de forma que en muchas no se identifica ni quién aparece, ni dónde. Además, muchas de las fotos son de personajes adyacentes a Villa, no del propio Pancho, por lo que considero que promover el libro a base de su contenido fotográfico es un engaño para el lector. Habrían valido más, menos fotos pero a media página o página completa.
 
Vayamos al libro: Excelente! El autor hizo una verdadera investigación… Nos presenta las historias incluso mostrando las mil y una versiones que existen con respecto a la vida y muerte de Francisco Villa. Siempre tiene el tino de sugerir, según la investigación que él realizó y según las fuentes existentes, cuál es la versión que más posiblemente se acerque a la realidad. La vida de Villa contada desde que se llamaba Doroteo hasta que su cuerpo descansa (aparentemente) en el Monumento a la Revolución de la Ciudad de México.
 
Villa tratado como un personaje, como un héroe, como un bandido, como un ser humano… porque todas esas facetas las tiene Francisco Villa. Hoy en día, Villa es un verdadero mito… Y lo seguirá siendo… no lo dudo…
 
Dato curioso: en Columbus, pueblo o ciudad atacado por Francisco Villa, en lo que se considera la primera intervención extranjera en suelo estadounidense (protagonizada no por un ejército o un país, sino por un hombre) existe un museo de Francisco Villa. Ja!
 
Hombre de mucha inteligencia… jamás recibió instrucción militar y sin embargo, fue un gran estratega en la guerra… Confiando en sí mismo y en sus seguidores tuvo muchas victorias, cuando aparecieron en escena otros personajes (como Pascual Orozco, Domingo Arrieta, Emiliano Zapata) y confío en ellos, sufrió severas derrotas. No lo pudieron matar en la batalla… tuvieron que matarlo en su retiro. La revolución le encargó el trabajo sucio (y vaya que sucio! no en vano su imagen está tan manchada) y otros disfrutamos de los frutos de sus batallas. La historia no le reconoce cabalmente sus méritos. José Vasconcelos, y a partir de él muchos otros, se encargaron de hacer de Villa un monstruo contando historias fraudulentas de una maldad no existente, o al menos, magnificada. Villa era un hombre de lealtades, de ideales, de desconfianzas. El autor hace referencia una y otra vez a los magnéticos ojos de Francisco Villa (así descritos por sus interlocutores).
 
Citando el libro:
 
Uno de los primeros actos del gobernador [Villa] fue establecer la ley seca para el ejército rebelde, con amenaza de fusilamiento al que encuentren bebiendo. En las siguientes semanas se dedicó a perseguir a los fabricantes clandestinos de sotol, a los que culpaba de las miserias de los obreros y campesinos de la región […] Villa seguía manteniendo esa relación radical contra la bebida que había tenido en los últimos años.
 
[…] Villa llegaba a las ocho y media, se arrellanaba en una silla y les hacía leer en voz alta lo que había. A cada minuto intercalaba una observación, correción o sugestión.[…] A Villa "le parecía que la mayor parte de los actos y costumbres de gobierno eran extraordinariamente innecesarios y enredosos".
 
[…] nombró a un cura obispo de Chihuahua, porque el obispo había huido. Y con él discutía de religión. "No es sagrado todo lo que se cobija debajo del nombre de la religión. Los malos sacerdotes son los peores hombres de este mundo".
 
Reed contará: "Más tardó en tomar posesión del gobierno de Chihuahua que en poner a trabajar a sus tropas en la planta eléctrica, en los tranvías, en teléfonos (…) la planta del agua y el molino de harina de los Terrazas. Puso soldados como delegados administradores de las grandes haciendas que había confiscado. Manejaba el matadero con soldados (…) A mil de ellos los comisionó como policía civil (…) prohibiendo bajo pena de muerte los robos o la venta ilegal de licor al ejército […]".
Villa explicaría: "Lo único que debe hacerse con los soldados en tiempo de paz es ponerlos a trabajar. Un soldado ocioso siempre está pensando en la guerra".
 
Reed cuenta: "Es el ser humano más natural que he conocido (…) No habla mucho y es tan tranquilo que parece tímido […] Sus ojos nunca están quietos y parecen llenos de energía y brutalidad (…) Tiene una manera torpe de caminar, ha andado mucho tiempo a caballo (…) Es un hombre temible y nadie se atreve a poner en duda sus órdenes […]".
 
Chihuahua tiene 40 mil habitantes. Pancho crea 50 escuelas. […] Francisco Uranga cuenta que Pancho mandó llamar a unos maestros […] les dijo que era la profesión que más admiraba […]
 
Aultman parece confirmar esta versión: " Pancho era uno de los hombres más completamente honestos que conocí. Si te debía dinero, siempre te pagaba, quizá robándoselo a alguien más. El amor al dinero no fue uno de sus pecados. Alguna vez tuvo millones y los arrojó al viento como confeti".
 
Pancho hizo declaraciones a la prensa de El Paso el 29 de enero. "No tengo ninguna ambición de ser presidente de la República si triunfa nuestra causa (…) soy un soldado a las órdenes de mi jefe […] Reed concluye: "Su lealtad a Carranza era perfectamente obstinada".
 
Scott escribirá un mes más tarde un perfil de Villa para sus superiores: "Es un hombre que cumple su palabra (…) es un mexicano analfabeta y amoral (…) recibe consejos y mejora si se los da gente a la que respete (…) un líder de hombres potente (…) ha impedido saqueos (…) es el más fuerte carácter que se ha desarrollado en México en la presente revolución".
 
Será ese mismo día que el agente estadounidense Thord Gray describa a Villa en un informe: "Beber, pero no emborracharse; amar sin pasión; robar, pero sólo a los ricos".
 
[…] se produjo una situación graciosa cuando Villa, que entregaba billetes sin contarlos, le preguntó: "¿Ingeniero, pues qué ustedes cuentan el dinero?".
 
[…] Roque recuerda que en Zacatecas, donde se había instalado, Villa lo instruyó:
"[…] quiero que trabaje usted para que ningún militar sea Presidente de la República; que los generales comprenda que terminada la revolución, deben dejar el poder en manos de los más capacitados, y éstos han de ser los civiles. Nosotros no servimos para eso".
 
Villa iba a triunfar. Lo pensaba Canova, el enviado de Wilson, lo creía Pershing desde la frontera: "Villa puede ser el hombre del momento"; lo pensaba el embajado Hohler de Gran Bretaña: "Todo el país parece estar del lado de Villa".
 
José Vasconcelos, colado en el carro del nuevo presidente, hizo en sus memorias, a posteriori, una descripción absolutamente rocambolesca, racista y desprovista de veracidad del avance hacia el sur de Villa: "… ocupaba ciudades y aldeas, violando mujeres, atopellando honras y haciendas, ultrajando a los indefensos, cometiendo tropelías (…) Insaciable de dinero que ocupaba en sus propios vicios y lujo […]"
 
[…] Villa está en lo suyo:
– Yo muy bien comprendo que la guerra la hacemos nosotros, los hombres ignorantes y la tienen que aprovechar los gabinetes; pero que ya no nos den quehacer.
 
Nellie Campobello justamente registraría: "Su leyenda negra cubría hasta el más inocente gesto de su vida diaria".
 
[…] Alan Knight, duda: "Hablar de una nueva burguesía formada por los generales villistas convertidos en hacendados es, cuando menos, prematuro y quizá injustificado".
 
Villa mantenía funcionando este extraño enramado con la frecuente amenaza de "poner orden". Y había generado en la práctica una definición de "abuso": la ruptura de las prioridades, primero los combatientes y el combate, luego el bolsillo.
 
Scott escribiría más tarde en sus memorias que Villa no robaba para sí: "Todo lo que obtenía lo gastaba de inmediato en comida, ropa y municiones para sus hombres, a los que cuidaba dentro de lo mejor de sus habilidades. Nunca escuché que Villa hubiera tomado parte en el saqueo de la ciudad de México, pero si escuché que Carranza enviaba vagones de ferrocarril llenos con muebles a su casa en Coahuila".
 
– Es imposible que me atrapen (…) aunque me echaran todos los ejércitos del mundo jamás me encontrarían.
 
Carranza ciertamente me cogió gran ventaja; más astuto como buen ranchero y más sabio por viejo, me devolvió a la nada de donde salí, pero sin acordarse de que en esta carrera, que es muy larga, su caballo se puede cansar antes que el mío, porque yo ni me he engreído con las comodidades ni jamás me ha importado el sacrificio.
 
"Se podía decir dónde había pasado Villa el día anterior, pero nunca dónde pasaría el día siguiente". El mismo Muñoz cuenta, aunque el narrador nunca ha podido ver el parte y tenga dudas sobre su verosimilitud, que un jefe militar pasó un comunicado a Carranza: "Tengo el honor de manifestar a usted que, según todos los informes que he recabado y que considero completamente verídicos, Villa se encuentra ahora mismo en todas partes y en ninguna" […] Villa había dejado de ser para los carrancistas el jefe de un territorio y un ejército al que cercar y derrotar, para volverse la enigmática e inalcanzable sombra propietaria de un halo mítico, en el mejor de los casos, para ellos, desconcertante.
 
Rafael Muñoz, narrando la retirada, dirá: "Cuando Pancho Villa corría no lo alcanzaba nadie".
 
Hugh Scott, que conocía bien a Pancho, le preguntó a Baker: "Señor secretario, ¿quiere que Estados Unidos le haga la guerra a un solo hombre? […]".
 
Los soldados estadounidenses de caballería cargan diez paquetes de pan duro, pero las alforjas reglamentarias solo permiten llevar seis, 11 onzas de tocino, el equipo individual para cocinar, el costal de la cebada del caballo, peine y cepillo para el pelo, 90 cartuchos en el cinturón, 60 en una canana sobre el hombro izquierdo y "persiguen a unos soldados que llevaban unos cuantos cartuchos, una frazada y un morral con tortillas y carne seca". Los estadounidenses hacían sus marchas de las seis y media de la mañana a las siete y media de la tarde, recorriendo de 28 a 35 kilómetros al día. Salinas Carranza, ironizando, comentará que "nuestras soldaderas a pie recorrían esa distancia".
 
El Kansas City Journal comentaba: "Dede que salió la expedición Pershing, Villa ha sido mortalmente herido en la pierna y murió en una cueva solitaria. Fue asesinado por uno de su banda y su tumba fue identificada por un seguidor de Carranza que esperaba recibir una interesante recompensa del presidente Wilson. Villa también fue asesinado en una pelea a puñetazos (…) fue tiroteado en una cabalgata salvaje y su cuerpo cremado". Y remataba diciendo que todas estas experiencias que de ordinario hubieran afectado la salud de un hombre ordinario, a Villa no le impedían seguir vivo.
 
En San Andrés Villa producirá un manifiesto singular, quizá la pieza programática más genuinamente suya. Allí no lo acompaña ninguno de los intelectuales que participaron en otros documentos del villismo […] De tal manera, el que será conocido como Manifiesto de San Andrés, más allá de la redacción, es obra de Villa.
[…] hace un llamado a derrotar la intervención, "el aborrecido yankee", y señala que los carrancistas son unos traidores que han permitido la invasión. A partir de ahí, la parte sin duda más interesante del documento es el programa. Elecciones libres, con pena de muerte para los que cometan fraude y un candado para impedir el paso de los caudillos. Ninguno de los jefes armados podrá presenrarse como candidato.
Los diputados y senadores que hagan negocios turbios "que redunden en provecho propio con perjuicio de la colectividad", serán pasados por las armas.
Propone el regreso a las Leyes de Reforma del juarismo […] Propone declarar nulos todos los actos legales y convenios del carrancismo, y curiosamente excluye el matrimonio (él, Villa, nada menos), "que es intocable por respeto a la sociedad".
El corazón del programa es el proyecto antimperialista. Abolición de la deuda pública. Los extranjeros no podrán tener tierra en México, y en particular los chinos (a los que hace responsables de colaboración con la Punitiva) y los estadounidenses ("responsables del desastre nacional, que con miras bastardas han fomentado la fuerra fraticida"). Se nacionalizarán ("decomisarán") las minas extranjeras, las líneas ferroviarias; se cerrará la frontera con Estados Unidos para promover la manufactura nacional y se cortará el telégrafo "a 18 leguas de las fronteras de los Estados Unidos". Sólo le falta una idea que propondrá en serio y en broma un par de meses más tarde: abrir una zanja que separará a los dos países.
 
[…] la Punitiva no sólo no capturó a Villa, sino que "lo convirtió en un héroe entre los campesinos". El propio Braddy recoge tres testimonios de soldados estadounidenses, Thomas Sherburne: "Estuve en tres guerras (…) la Expedición Punitiva fue la peor de todas"; mayor Conklin: "La campaña fue la más severa prueba de dureza física, que el ejército sufrió jamás"; capitál Hawkins: "Sufrimos más privaciones aquí que en Europa". Se habían gastado 130 millones de dólares.
 
Todos los delitos se perdonan menos dos, la ingratitud y la traición.
 
"A la muerte de Villa el pueblo tembló luego luego".
 
 
Valor hasta la temeridad;
desprendimiento hasta el derroche;
odio hasta la ceguera;
rabia hasta el crimen;
amor hasta la ternura;
crueldad hasta la barbarie;
todo eso es Villa en un día, en una hora, en un momento, en todos los momentos de la vida.
Ramón Puente
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Una respuesta to “PANCHO VILLA Una biografía narrativa”

  1. aAaAa…………………..SSsShHhHh SoLaMeNt neCesITaBaN poNeR cUaNdO nACiO QuAnDo MuRi Yq AsIa ANTs d cR PReSIdnNt DdDdaAaAaAaaAaaAaAAAaAa…………!!!!!!!!!!!!!!!!!!:=)

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