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Cuento Dos (con comentarios)

In Literatura Narrativa (Taller) on septiembre 30, 2009 by dewmarch

Híjole, pues ayer ya no me dio chance de publicar el Cuento Dos antes de llevarlo al taller, así que ahora lo publico todo junto.
 
 

CUENTO DOS

 

Amanece en la casa de la familia de Rufo. “A bañarte Miguel”, grita Susana desde la puerta del cuarto. Y Rufo sabe que ese aviso es también para él. Debe bajar al jardín a hacer sus necesidades.

 

Rufo es la mascota de la familia Salas. La familia la conforman Don Miguel, Susana, Cecy y Miguel hijo, Mickey. Tomasa es el ama de llaves y vive también en la casa.

 

Rufo llegó a vivir con ellos siendo un cachorrito recién destetado. Fue un regalo para Mickey de Ximena, su tía consentidora. Mickey siempre había querido un perro, pero sus papás no estaban seguros de que fuera tiempo para ello… Ximena hubo de convencerlos. “Te vas a llamar Rufo”, le dijo Mickey al instante en que pudo verlo y en respuesta Rufo le ladró a su nuevo dueño.

 

Mientras estaba recién llegado, Susana y Miguel no tuvieron problemas en que Rufo durmiera con Mickey, pero cuando empezó a crecer lo mandaron a dormir a su casa, en el cuarto de lavado. Rufo no tuvo problemas con eso, pero Mickey sí. Con toda la rebeldía de un niño de 5 años empezó a dormir con Rufo en la lavandería. Ximena convenció a su hermana de dejarlo regresar al cuarto de Mickey y mandarlo a clases de adiestramiento. A Rufo le gustaban sus clases; le ocupaban toda la mañana, mientras Mickey estaba en la escuela y además, notó que su comportamiento resultaba más agradable a ojos de su familia humana.

 

Tres años después Rufo ya no es una bolita inspiradora de ternura. Ahora es una gran masa de pelo que pesa más de treinta kilogramos. En realidad, Mickey y Rufo han crecido juntos. En más de una ocasión Mickey ha dicho que Rufo es su mejor amigo. Claro que también dice eso de Paco, su vecino de enfrente y compañero de salón. Si Rufo y Mickey son el dúo dinámico, juntos los tres son auténtica dinamita.

 

Como todo un perro muy educado, Rufo conoce la rutina de la familia. Por las mañanas baja al jardín, donde espera hasta que Cecy y Mickey se van al escuela. A veces los lleva Don Miguel y otras veces lo hace el papá de Paco. Pero sea cual sea el medio de transporte, Rufo siempre alcanza lugar para acompañarlos. Regresa de la escuela y espera en el jardín a que Mickey haga lo mismo. Ocasionalmente, se echa un chapuzón en la alberca; sabe que han de regañarlo, pero el baño bien merece la pena.

 

Por las tardes Rufo va con Mickey a su práctica de fútbol. Alguna vez, el entrenador pidió que ya no lo hiciera y en respuesta los niños del equipo armaron una huelga. Argumentaban que Rufo no entraba al terreno de juego y que siempre era lo suficientemente cortés de acompañar a aquél que iba a recoger una bola que había botado demasiado lejos. Rufo es el invitado predilecto no sólo a las prácticas, sino al partido de los sábados y a las excursiones del equipo. Los viernes camina con Cecy a su clase de piano y la espera afuera para acompañarla también de regreso. Los fines de semana son los mejores: incluyen el juego de fut, las idas al parque y días de campo ocasionales.

 

Esa tarde, Rufo espera paciente frente a la cochera a que lleguen los niños de la escuela. No hay mejor alarma que Rufo para avisar de la inminente llegada. Rufo espera, y sigue esperando pero nadie viene. Al atardecer Tomasa lo llama a comer, pero él apenas olfatea su plato. Ya entrada la noche los oye llegar, se acerca a la puerta meneando la cola. Pero Mickey no ha llegado a casa, es Don Miguel, que viene a buscar ropa para Cecy, pues irá a dormir a casa de su abuela. El día siguiente Cecy regresa de la escuela junto con la abuela, que ha llegado para instalarse en la casa. Y a partir de entonces la rutina cambia. A veces Don Miguel duerme en casa, a veces Susana, a veces los dos o ninguno de ellos, pero Mickey sigue estando ausente.

 

Rufo no lo sabe, no tendría cómo saberlo, pero ese día Mickey se golpeó fuertemente en la escuela y tiene una fractura en el cráneo. El pronóstico de los médicos fue reservado. Aunque la familia recibe muchas muestras de apoyo entre sus amigos y sus familiares, Rufo percibe la tensión en la casa. A veces Cecy viene a buscarlo y juega con él, Paco lo hace otras veces; pero ninguno de ellos es Mickey y Rufo lo va resintiendo. Nadie lo ha notado, pero Rufo ha perdido ya cinco kilos de peso. Y ha regresado a dormir en la lavandería; la cama del cuarto de Mickey con sus mullidos cojines y el suave edredón, le resulta incómoda si no está su amigo. La casa no parece más una casa con niños. La casa no parece más una casa con perro.

 

Han pasado ya un par de semanas. Es un día cualquiera. Rufo ve de lejos hacia la cochera. La camioneta se acerca. ¡Es Mickey! Ese que ha bajado con una cosa extraña sobre la cabeza. Sí, luce muy raro, pero eso no le importa a Rufo: Mickey es su persona favorita sobre la faz de la tierra. La puerta principal de la casa se encuentra cerrada, Rufo corre a la puerta del patio que había visto abierta. Cruzará todo el jardín hasta la cochera.

 

Mickey por fin ha sido dado de alta por sus médicos. Don Miguel y Susana, sin embargo, no están del todo felices. Mickey sufre de amnesia; en el hospital, no ha reconocido ni a padres, ni a hermana. Los doctores les dicen que eso es algo normal dado el traumatismo que sufrió su cerebro. Sus habilidades permanecen intactas y su hijo podrá regresar al escuela. Habrá que ver cómo reacciona su memoria a corto plazo.

 

Mientras todos bajan de la camioneta ignoran que Rufo corre a toda velocidad hacia ellos. Sólo lo perciben cuando embiste fuertemente a Mickey. ¡Esa sí que ha sido una gran tacleada! Don Miguel avienta con violencia a Rufo. Nunca lo habían visto tan enojado; la reacción natural de un padre preocupado por el bienestar de su hijo. Con mucha tensión contenida y un bate que ha encontrado tirado en el suelo se le acerca al perro. Pero Mickey ya se ha levantado y torpemente se dirige hacia él. “¡Rufo! ¡Te he extrañado tanto!”, le dice, mientras se le aferra al cuello.

 

 

 

 

Ahora dejen les platico lo que me dijeron:

 

Lily dijo que le parecía que a mi cuento le faltaban diálogos. Jesús le dijo que un cuento puede escribirse sin ellos. De hecho, comentó otro de los elementos importantes para determinar si un texto es un cuento: la historia debe tener un inicio, un desarrollo y un final. Así que ahora ya tengo una idea más clara de lo que es un cuento. La persona que me leyó, que no sé su nombre, dijo que le gustó, que le parecía bien escrito. Socorro dijo que le gustó más que el primero, aunque lo primero que ella leyó de mi no fue el cuento, sino el texto de los demonios internos, y pues, nada que ver. Herminia (ni sé si se llama así, pero no sé por qué tengo la idea de que se llama Herminia) dio el comentario más adecuado: a mi cuento le faltan elementos ambientales; Jesús coincidió con ella, dijo que el cuento llegaba a volverse tedioso en algún punto. Yo no creo que a mi cuento le falten elementos ambientales… me faltan a mí, soy muy parca para dar detalles, me parece incluso que carecen de importancia, jajaja… Ni siquiera me fijo en los detalles en mi vida cotidiana, hay gente que de un vistazo lo observa todo y yo sólo me fijo en lo importante.

 

También dijeron que el cuento lo acabe demasiado pronto, que no supe construir el final que era lo más meolloso del asunto. Que parecía incluso confundirse si Mickey había recuperado la memoria o no y si había sido por el golpe del perro. En realidad el perro no lo golpea, lo taclea. En un punto imaginé que ese sería un juego entre ellos pero nunca lo aclaré. Nunca hablo de un golpe ni nada, Rufo simplemente lo tira. Creo que no debió existir tal confusión, pero bueno.

 

Ah! y otra cosa, Jesús dijo que por ahí parecía confundirme si el cuento se narraba desde la perspectiva del perro o del niño, o de quién. Incluso, creo haberle entendido que así como iba el cuento parecía narrado desde la perspectiva de Rufo, y entonces el detalle de aclarar lo que había pasado con Mickey era innecesario, no correspondía a la perspectiva de él. Esa parte no me quedó muy clara, pero bueno. Dijo que había sido un buen reto (sí, lo creo) y que debería darle seguimiento para arreglar las cosas que me comentaron. No lo haré, me resulta muy difícil escribir y pues arreglarlo, menos… Ése es mi cuento, si en el futuro logro escribir cosas mejores, ¡qué bueno! Pero serán otras… el cuento se queda!

 

Por cierto, por lo que estaba muy contenta ayer es que definí mi propósito a seguir en el taller. Quiero hacerle un libro a Daniela. Ayer también llevé un texto al respecto, pero no sé si lo publicaré aquí o qué. Igual y sí. Quiero escribirle a esa niña, contarle cosas, ir formando la memoria que no puede tener, porque es aún muy pequeña. Dedicaré a esa tarea los próximos 6 años. Cuando entré al escuela y le enseñen a leer le obsequiaré su libro. ¡Estoy emocionada! Dejaré la ficción un poco de lado porque no se me facilita. Terminaré para el taller un texto que había empezado, y participaré de las tareas que encargue Jesús, pero mis textos semanales de rigor, corresponderán a lo que yo escriba para Daniela. Al rato pongo el texto, yo creo. Es que ando en reuniones y en realidad no tendré mucha chanza para eso. Y eso pasó ayer en mi taller. Ahí les platico la próxima semana.

 

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