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Ausencia

In Literatura Narrativa (Taller) on noviembre 4, 2009 by dewmarch

Bueno, este es el texto que llevé hoy a mi taller:
 

 

 

Hoy por la mañana que bajé al jardín, descubrí con sorpresa que las rosas ya no tienen aroma.

 

Desde el lunes una sucesión de eventos extraños. Temprana la tarde empezó a soplar suavemente el viento, las hormigas empezaron a salir de sus hormigueros. De pronto, con el sol en medio, el cielo comenzó llover. Cada quien reaccionó muy a su manera: a pesar de que la lluvia era leve hubo quien procuró guarecerse; otros, jóvenes y adolescentes en su mayoría, decidieron refrescarse con la dulce llovizna. Yo, por mi parte, busqué el arcoíris y descubrí un cielo tan limpio que me dio escalofrío. El arcoíris después de la lluvia con sol ha desaparecido, supongo que también se ha perdido la olla con monedas de oro justo en su final.

 

 El jueves decidí dar un paseo por el malecón. Las olas golpeaban ligeras la playa, las parejas caminaban dándose la mano y los niños hacían construcciones en la arena. El sol golpeaba a plomo caras y espaldas, al tiempo que la brisa les brindaba consuelo. El sonido y el aroma deliciosos de siempre, las embarcaciones en el horizonte… de pronto las busqué y no estaban… las gaviotas ¡se han ido! Ya no vuelan sobre la espuma del mar. A nuestra playa se le han ido las aves y a nadie le parece importar.

 

El viernes la plaza estaba tan abarrotada como un viernes cualquiera. El kiosco había sido asaltado por un trovador. Los niños corrían tras de las palomas, mientras las alimentaban hombres y mujeres de blancos cabellos. A la venta las golosinas usuales: nieve, palomitas, algodones de azúcar. Yo decidí comprarme un helado. Lo probé con cuidado porque luego me duelen los dientes. Lo sentí deshacerse lento encima de mi lengua y entonces descubrí que no tenía sabor. La nieve no sabe, lo mismo le pasó a las crepas y desde entonces que no tomo café por temor a que éste haya perdido también su sabor.

 

Hoy ha sido el día más duro de todos entre sus rarezas. Primero las rosas, justo en la mañana. Al terminar el día una noche fresca y el viento soplando. El cielo, todo despejado, lentamente cedió a su transformación habitual: azul en un tiempo, luego sonrosado para después tornarse naranja. Al final, sangrando como herida abierta y entonces muy negro, dando paso a la noche larga. Las estrellas brillaban de manera intensa y arriba en vez de la luna había un hoyo negro, muy negro. Veo ese hoyo y se me quema el pecho.

 

Hoy, tendida en la cama con mucha tristeza y mis ojos mojados, he redescubierto que tú ya no estás.

 

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