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FANTASÍA

In Sin categoría on marzo 3, 2010 by dewmarch

A sus cuatro años, Juanito cree que el cielo es del color de los melocotones. Pero no es que Juanito vea el cielo color naranja sonrosado; lo que pasa es que, para Juanito, melocotón es esa baya larga y curva que le sirven con cereal o con helado, a la que todos los demás llamamos plátano… Juanito cree que el cielo es de color amarillo, pues eso es lo que siempre le ha dicho su mamá.

 

Sandra, madre de Juanito, aprendió a mentir desde que era muy pequeña. Todo empezó el día que su abuela preguntó si le había gustado el vestido que le habían comprado recién y Sandra dijo que sí; una mentira piadosa. Lo que no fue muy piadoso fue dañar el vestido con ayuda de sus tijeras escolares y decir en casa que el vestido se había rasgado por accidente mientras ella jugaba en el parque. A Sandra nunca le gustó ese vestido.

 

Sandra aprendió rápidamente las ventajas de una buena mentira. Odiaba, por ejemplo, los chongos zamoranos que su madre preparaba con frecuencia, así que, cuando Sandra dijo que le gustaban mucho, su mamá empezó a premiarla con ellos y la dejaba comerlos libremente. De esa manera Sandra llevaba los chongos a su cuarto y después se las ingeniaba para que los chongos desaparecieran por el drenaje.

 

“Mi papá salió ayer de viaje y todos le ayudamos a mamá a hacer su maleta” dijo el primer día que olvidó llevar la tarea a la escuela. “Pues… yo vi que Pepe lo agarró”, dijo a la amiguita que buscaba afanosamente un sacapuntas decorado, mientras ella ocultaba el preciado objeto en el bolsillo de su pantalón. “Se me soltó y lo atropellaron” decía entrecortadamente, mientras de sus ojos brotaban abundantes lágrimas, al explicar a sus padres por qué había llegado a la casa sin su mascota; la verdad es que Sandra lo había extraviado en el camino y al asumir que ese sería el triste destino del animal, resolvió que no mentía, sino que decía la verdad de manera anticipada.

 

Para Sandra decir mentiras se había vuelto un arte que empezaba a dominar con maestría. Mentía en un inicio con la cabeza gacha, pero después aprendió a hacerlo mirando a su interlocutor a los ojos; también aprendió a fingir llanto, tristeza, alegría, desconcierto o desesperación, según requiriera la mentira en turno.

 

Sandra perdió la virginidad con su novio cuando tenía quince años, volvió a perderla seis meses después con el novio de su mejor amiga. A la fecha, la ha perdido con siete galanes que, sin excepción, se mostraron satisfechos de ser el primer hombre en su vida. Evalúa la posibilidad de ser virgen por octava ocasión, aún a pesar de Juanito, pues con la misma facilidad que le dijo a su padre que no era hijo suyo, para que desapareciera de la vida de ambos, ahora puede decirle al novio en turno que Juanito es sólo un sobrino, para que el novio no desaparezca de la vida suya.

 

No, no es que Sandra esté enferma, como todos insisten; ella es, simplemente, demasiado voluble. Hoy ha amanecido con una idea loca en la cabeza. Quiere ver el mundo tal como lo ve la otra mitad; experimentar como ellos, sentir como ellos. Por fin termina su arreglo, en la cara luce tremendo mostacho; por su parte, a Juanito le ha sentado bien el vestido nuevo. Desde hoy, ella se llamará Francisco y su hijo será Cinthia. Es lo que ha decidido.

 

 

 

 

 

Este es el texto que llevé ayer al Taller. El primer comentario, fue de hecho una pregunta, de Amado: ¿y por qué le tiene que arruinar la vida al hijo?. Zita me ayudó, respondiendo una verdad contundente: porque los mentirosos se llevan entre las patas a todo mundo. En realidad, Sandra se decide cambiar también a su hijo porque su mitomanía no tiene límites.

 

Zita luego dijo que ella habría empezado el texto en el segundo párrafo y habría acomodado el primero en alguna parte, pues parecía que el cuento era de Juanito y luego Juanito sólo volvía a aparecer hasta el final. Jesús dijo que así le gustaba, aunque Juanito si se perdía, pero particularmente le gustó mucho ese párrafo.

 

Creo que fueron varios los que coincidieron en que el final resultaba muy apresurado. Luego, sugirieron guajiramente que Juanito no fuera una víctima y que él entrara al juego de su madre, y que fuese él quien tomara la decisión del cambio de sexo. Aunque la idea no me desagrada y asumo que una persona así de enferma seguramente tendrá efectos nocivos en quienes la rodeen, no es el cuento que yo quise escribir y no lo voy a hacer. Me parece que entonces Juanito tomaría un protagonismo que yo no deseo para él; Juanito es simplemente un personaje accesorio.

 

Sandra (tocaya de mi protagonista) dijo que nunca se da a entender que ella esté cansada del novio como para tomar la decisión que toma al final. Estoy de acuerdo. Yo misma dudaba de esa parte, pero asumí que, siendo Sandra tan cambiante, tomar una decisión así de precipitada no sería anormal, aunque creo que debo modificar eso. Creo ue fue Jesús quien dijo que el novio ese daba para más.

 

Al parecer el texto quiere ver el mundo tal como lo ve la otra mitad generó confusión. Jesús de inicio pensó que la otra mitad eran aquellos que no son mentirosos, y creo que no fue el único. Los demás entendieron, correctamente, que por otra mitad me refería al sexo opuesto al de Sandra.

 

Jesús dijo que la parte de demasiado voluble parecía una intromisión del narrador (de la escritora, a fin de cuentas) que no iba al caso. Siempre nos ha dicho que el narrador no puede hacer juicios morales de los personajes. En realidad no es un juicio moral, pretendo que esa sea la propia justificación de Sandra, por eso lo escribí en cursivas. Sandra (mi compañera) dijo que ella si lo entendió de esa manera. De cualquier forma, ya pensé en la forma de cambiar esa parte de la redacción para evitar la confusión. De hecho, cambiaré ligeramente el texto. Añadiré un párrafo y haré otro un poco más largo, y el final cambiará ligeramente, aunque de fondo será el mismo. También he decidido que la protagonista no sea Sandra, sino Amanda… no sé por qué… creo que tiene que ver con uno de los blogs que leo, jajaja, pero también me agrada más la sonoridad de ese nombre que el de Sandra.

 

Pensé que comentaría algo del título, que no me satisfizo, pero nadie dijo nada. Por mi parte, en el texto final el título será Fantasías, no Fantasía. Espero publicarlo aquí en esta misma semana y lo llevaré de nuevo al taller para que me den su opinión con respecto de los cambios realizados.

 

Saludos a mis lectores, sus comentarios son recibidos y apreciados.

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