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A quien corresponda

In Sin categoría on octubre 3, 2011 by dewmarch

Uno pensaría que la Comunicación Social es una forma de vincular al ciudadano con su gobierno. De ida, a través del monitoreo de medios para conocer la percepción ciudadana, de vuelta a través de comunicados oficiales. Uno pensaría que la Comunicación Social debiera ser más acerca de lo que se dice, que de lo que se oculta. Uno pensaría que los expertos de la Comunicación Social tienen bien medido el “feeling” de los medios que monitorean, pero… no siempre las cosas son como uno piensa.

Durante años, y gracias a los medios tradicionales, la Comunicación Social se pareció mucho al maquillaje: el arte de ocultar las imperfecciones. Las inconformidades de la ciudadanía eran fácilmente  minimizadas y las visiones externas incómodas para el gobierno en turno no eran asequibles fácilmente, debido a la compra masiva de medios impresos y señales de televisión que sorpresivamente se perdían. Luego apareció Internet y gracias a ello, llegó Twitter.

El concepto de comunicación en Twitter es tan sencillo, que más de uno reiría al saberlo factor de grandes movimientos sociales, algunos de ayuda como lo que ocurrió después de las tragedias en Chile y Haití, y otros, verdaderas revoluciones, como lo que pasó en países africanos. Creo que ese poder se debe a dos de sus atributos: la inmediatez y la cohesión social generada entre los usuarios.

Así, los “de a pie” encontramos en Twitter un foro para expresarnos y compartir intereses; con el tiempo y de manera natural, esos intereses comunes fueron la inseguridad y los fallos de la administración pública, entre otros. Después llegaron los periodistas y creamos con ellos una
especie de complicidad: ellos se dieron cuenta que nosotros podíamos ser o corroborar sus fuentes y nosotros comprendimos que podíamos confiar en la información que ellos proporcionaban: ganar-ganar. Al final llegaron los políticos, y desde entonces han querido cambiarlo todo. ¿Por qué?

En Twitter, el arte del maquillaje (ocultar imperfecciones) no es tan fácil como en los medios tradicionales. Los ciudadanos compartimos opiniones con otras personas y los periodistas lo notan. Además, la comunicación deja de ser un asunto local, pues podemos seguir y ser seguidos por usuarios en todas partes del mundo. Así, la disconformidad con el gobierno dejó de ser un asunto de seres aislados con escasas oportunidades de asociación.

En Durango, con este devenir de las cosas, algunos usuarios alcanzamos cierta notoriedad. En mi caso, no era raro que la gente turnara conmigo quejas o dudas que correspondían a algún nivel de gobierno. Los funcionarios o cuentas institucionales lo fueron notando y algunas empezaron a seguirme. Lo mismo le pasó a otros tuiteros: nos volvimos, sin darnos cuenta, en una instancia de comunicación social. La información, que antes fluía de los medios tradicionales a Twitter, empezó a fluir también en sentido contrario. Twitter se convirtió en un medio que debía monitorearse.

Luego, el manejo de redes sociales del Gobierno del Estado pasó de unas manos a otras después de una equivocación pública del estratega original; los nuevos encargados poseían una supuesta superioridad en el “know how”. Sin embargo, los ataques a usuarios mediante el uso de cuentas falsas aumentaron. Entonces, ante la imposibilidad de acallar las críticas, ejercieron el poder de la administración pública sobre cierta usuaria popular. Propios y extraños, de una u otra manera, han manifestado temor a seguir usando Twitter con la misma naturalidad con la que lo habían usado antes: la bomba ha surtido efecto.

Lo que olvidan estos expertos de las redes sociales  es que Twitter provee a los usuarios de sus propias municiones. En un entorno en el cual la libre expresión de ideas se venía atacando, no fue difícil hacer de la mía una causa común. Como escribí hace una semana: si callan a uno nos callan a todos. Ya me había pronunciado yo en ese sentido antes de que la bomba explotara.

Después de más de una semana contando mi caso a numerosas personas, entre amigos, periodistas, activistas sociales y actores políticos, la gran mayoría de ellos se manifiesta en el mismo sentido: esto tendría que haberse operado de otra manera. La pregunta entonces es: ¿alguien ha reparado en la mala Comunicación Social de nuestro gobierno a través de Twitter? ¿Alguien tomará cartas en el asunto? No señores… no es un problema menor, y ya está visto que no supieron dimensionarlo.

5 comentarios to “A quien corresponda”

  1. Hola Rocío:

    He leído con interés de tu caso.

    Ojalá que te llegue mi mensaje, pero te diré.

    Me cuesta mucho trabajo “navegar” en la internet y poco entiendo eso del facebook, del twuiter y demás.

    Pertenezco a la prehistórica generación que ahora llaman “jóvenes en plenitud” o cosas de esas que no dicen más que ocultar lo que en realidad es: los viejos. La tecnología de comunicación nos rebazó.

    Y !qué lío!

    Por todos lados he reclamado que nos digan a los veteranos qué ondas con todo esto de la internet, pero nadie me hace caso. Como ya saben nadie nos explica. Y otros por verguenza no preguntan. ¿Cómo va a ser posible que a mi edad los jóvenes me tengan que enseñar? dicen.

    Ojála que pudieramos por ahora conectarnos en el hotmail, para comentarte algunas ideas.

    Deseo que te llegue mi mensaje. Estoy en Hotmail: guillermo_maru@hotmail.com

  2. Hola Rocío!

    Espero que estés bien, dentro de lo que cabe.

    ¿Te fue útil la nota que te envié sobre la promoción de medios de defensa por diversas instancias (Junta Local de Conciliación, Contraloría Estatal, Comisión de Derechos Humanos). En el OIC y la CDH se deben promover acciones para recuperar la fuente de trabajo. Ya sé que la CDH generalmente dicen que ellos no intervienen en asuntos laborales, pero de lo que se trata es de demostrarles que ahí lo que hubo es un abuso de poder.

    Hace años pasé por una experiencia algo similar y lo que te he sugerido es producto de ello. Como quiera que sea al final les gané la indemnización de Ley. Sólo recuerda que en el caso de la Ley Laboral tienes 60 días hábiles para interponer el recurso, para que no prescriba la acción.

    Los buenos abogados laborales no deben cobrar anticipos ni abonos ni nada, sino hasta que se ejecuta el laudo y se cobra la indemnización. Lo justo es acordar el 20% de lo que se cobre. Y de cualquier manera siempre debes estar atenta al seguimiento de tu caso y de tu expediente para que no te vaya a salir tu defensor con algún chanchullo. Si decides esa vía, tendrás entonces también meterte de lleno en la legislación laboral para que estés plenamente enterada por tí misma de lo que se está peleando y de lo que se dice, replica y contrarreplica.

    Suerte y ojalá el gobierno de tu estado rectifique y te devuelvan tu plaza.

  3. Rocío: Me puedes hacer favor de publicarme esto:

    TARTUFO, EL IMPOSTOR, O EL HIPOCRITA.
    Por Guillermo Marú Moreno.

    Luis XIV:
    -¿”Quién es el mejor escritor de mi reino”?
    Boileau:
    -“Moliere, señor.”
    Luis XIV:
    -“En verdad que no lo hubiera creído. Pero indudablemente vos sois mejor juez que yo en la materia.”
    Aunque la realidad nacional ya no es una sátira, una comedia , un drama, sino una película de terror, resulta que el 15 de enero debieron haberse celebrado en todo el mundo los trescientos noventa años del nacimiento de Juan Bautista Poquelin, también, o mejor conocido con el seudónimo de Moliere (París 1622-1673), eminente dramaturgo francés.
    En México no aconteció, tal vez porque nos hemos quedado inmersos en otros afanes y el ingreso ya no alcanza para acudir a las representaciones de las sabrosas comedias que nos regaló. O tal vez, debido a los nuevos criterios de la censura de los gobiernos en turno que temen verse reflejados en la sátira de Moliere actualizada. Puede ser también que los promotores de obras teatrales otean que el horno no está para bollos y que, por lo tanto, los tiempos de la reacción tampoco están para presentar obras que evoquen los dichos, los actos y los cuestionamientos.
    De todos modos están las ediciones de muy buena calidad que de los titanes de la literatura universal nos obsequia siempre la editorial Porrúa, en la colección Sepan Cuantos…
    En los números 144 y 149 de esa colección podemos acudir, no sólo al despliegue de los diálogos y las representaciones, sino también a los impecables prólogos que, sobre la vida y obra de este personaje, nos dio Don Rafael Solana.
    Dice Solana que son Cervantes, Shakespeare y Moliere “las tres cumbres de las tres lenguas literarias más ilustres del mundo moderno, sólo comparables ellas en nobleza y en elevación con la latina y con la griega, y superiores por la pluralidad y la magnitud de sus obras maestras aun a la italiana, la alemana y la rusa que son también muy grandes…”
    Aunque Larousse nos dice que “la obra literaria de Moliere es una de las más geniales del teatro universal: En ella se pintan con feroz ironía y gran poder de observación los vicios humanos, se zahieren las flaquezas de los hombres y se describen con mano maestra las pasiones de la sociedad de su tiempo.”
    Pero, con todo y ello, del renombre y de la universal admiración, ninguno de la triada, disfrutó en vida.”La fama y la gloria son soles que sólo les han iluminado después de muertos.”(Solana)
    La vida de Moliere no fue precisamente una comedia, sino todo un drama con algo de picaresca saturada de amarguras, sinsabores, desencantos, mal agradecimientos y estrecheces y, aún fue víctima del rencor auspiciado por la inagotable persecución de que lo hizo la Sociedad no tan secreta del Santo Sacramento, de origen jesuítico, a causa de lo profundamente herida que esa organización secreta se sintió con la obra Tartufo, cuya representación logró prohibir…” (id)

    Como ahora sucede con organizaciones secretas que operan abiertamente en la sociedad mexicana, a esa Sociedad del Santo Sacramento pertenecían personajes del poder: importantes miembros de la monarquía, del arzobispado y otras de gran influencia en la vida religiosa y civil.

    A raíz del Tartufo, por ejemplo, dijo de Moliere un sacerdote, su contemporáneo: Moliere es “Un hombre, o mejor un demonio encarnado y con ropa de hombre, y el más señalado impío y libertino que jamás vieran los pasados siglos.”

    ¿Dónde hemos escuchado recién tales especies?.

    No cabe duda que los argumentos de los retrógradas, clericales y mochos para anatematizar no sufren mutación, aún al paso de los siglos.
    En aquél tiempo, como sucedió con el propio Shakespeare y otros, “Moliere… conoció el aplauso y la protección de un monarca, aunque era considerado como un obrero del teatro, poco menos que un payaso.”(idem)
    Y veamos hasta donde llega la ignorancia de los sabihondos comentadores y literatos de postín que en todas épocas abundan y que son muy duchos para la genuflexión con el poder cuando se trata de perseguir a los críticos, pero no ven más allá de sus propias inclinaciones y zalamerías: Moliere murió en 1673, pero no fue sino hasta principios del siglo XIX cuando se comenzó a rescatar su memoria. Y no lo fue por los eruditos y sabihondos de siempre, sino por un comandante de policía quien se esforzó por investigar en archivos datos sobre la vida del gran autor.
    Con todo y ello, es hasta las postrimerías del XIX cuando se comenzó a publicar un periódico especializado en el molierismo, “mucho tiempo después de que el escritor había muerto y sido casi clandestina, por lo menos vergonzantemente enterrado, como personilla de escasa monta, ni siquiera digna de un pequeño espacio, para sus restos, en un camposanto.”
    Fue tal el odio y el resentimiento en su contra, que la sociedad secreta del Santo Sacramento no le respetó ni muerto, puesto que prohibió su reposo en tierra consagrada, bajo el argumento de que se trataba de un cómico. En realidad este argumento banal escondía el odio y el resentimiento que los de la Sociedad tenían contra Moliere, en virtud de que los había ridiculizado.

    Hoy –dice Solana- dentro de Francia misma es considerado como un igual de Corneille y de Racine, y la Academia le pide perdón por no haberlo admitido nunca entre sus pares, mientras vivió.
    Tardía reivindicación puesto que Moliere, que constituyó la Compañía de Actores del Rey, ahora está considerado como el fundador de la actual Comedia Francesa de prestigio nacional e internacional para el peculio del arte francés.
    Hijo y nieto de tapiceros, como colegial, tomó cursos de filosofía y de derecho aunque más que la sapiencia lo atraía entonces la vida de París, con sus espectáculos, sus ferias y sus teatros y teatrillos trashumantes. A los veinte años abandonó la vida estudiantil y se hizo comediante, para devenir al paso del tiempo en actor, director, empresario, autor, humorista y agudo crítico social a través de sus obras.
    Múltiples y variadas obras escribió Moliere pero, es el caso de que a la fecha “no queda ni un solo papel escrito de su puño y letra (se cuenta que a principios del siglo XIX un hombre se presentó ante la Biblioteca Nacional de París con una carretilla cargada de legajos, diciendo: “traigo los papeles del señor Moliere”; pero como era domingo y no había quien los recibiera se fue…y nunca más se supo de él.”).(ibíd.).
    Tan sólo el título de sus obras nos evoca su genialidad satírica en sus farsas y comedias o comedias-ballet, algunas otras. Véase estos títulos: Los celos de Barbuillé, El médico volante (ambas obras perdidas), El atolondrado, Las preciosas ridículas, Sagnarelle o el cornudo imaginario, La escuela de los maridos, Los importunos, La escuela de las mujeres, Crítica a la escuela de las mujeres, El matrimonio a la fuerza, El Tartufo o el impostor, El misántropo, El médico a palos, El avaro, El burgués gentilhombre, Las mujeres sabias, El enfermo imaginario, etc.
    En los dos textos a los que hemos aludido de la colección Sepan Cuantos… de Porrúa, se nos presenta una colección de sólo nueve comedias. Hay otras más. Por ejemplo, Federico Engels, en su obra El Origen de la Familia, la propiedad privada y el estado, al criticar a los usureros en el ámbito de las hipotecas, cita al acto I de la obra “Georges Dandin”, de Moliere.
    Todas sus obras tienen su propia historia, pero destaca la del Tartufo que es una pieza impecable, realista, cruel y encantadora.
    El Tartufo o El impostor, originalmente llamada “El hipócrita”, es una comedia en cinco actos, y está considerada entre las más grandes del teatro de Moliere y, sin duda, es una de las más famosas, aunque no paramos en gustos porque otros dicen que la mejor es El Misántropo.
    El Tartufo tiene una historia tormentosa. La primera composición en tres actos se representó en mayo de 1664 en Versalles. Inmediatamente es considerada obra escandalosa y, ante la solicitud de los grupos de poder, el propio monarca prohíbe su representación en público. Es modificada y se representa en 1667 para ser nuevamente cuestionada. Finalmente una tercera modificación es puesta en 1669 que es la que llega hasta nosotros.
    Se trata de una sátira despiadada de uno de los vicios más corrientes: la hipocresía que ahora está muy en boga en nuestro país y con mayor profusión en nuestra clase “dirigente”
    La trama va más o menos en este sentido:
    Un sujeto (Tartufo) con su inseparable rosario a cuestas, simula devoción ejemplar, modestia, honradez, lealtad y entrega. Se cuela en la casa de un gentil- hombre maduro y de buena posición, y se acomoda en ella contando con el apoyo del su ahora protector, quien le considera un modelo de virtudes, casi un santo.
    Ante el propietario y su anciana madre, este sujeto presenta una cara ganándose su aprecio, y otra muy distinta con el resto de los integrantes de la familia. A pesar de los actos del individuo que pronto son descubiertos por la joven y segunda esposa del propietario, el hijo primogénito, la hija, el pretendiente de esta y hasta el aguada empleada de servicio, el propietario y la anciana insisten en defenderle, promoviéndole como director espiritual y que todos en esa familia se conformen a su conducta y consejos.
    Llega a tal grado la obnubilación del propietario en su afán de defensa, que se atreve a nombrar a Tartufo heredero de sus bienes, correr a su propio hijo, y hasta prometer la mano de su hija al bribón. Por lo bajo, el hipócrita insolente, en pago, lanza los dardos de Cupido a la joven esposa de su protector.
    El hipócrita es descubierto de manera fehaciente, cuando la joven esposa, ante el riesgo inminente del desastre, acorde con el resto de los integrantes, urde una trama para entrevistarse supuestamente a solas con Tartufo, al tiempo que el protector, candidato a cornudo, es conminado a ocultarse debajo de una mesa, desde donde es obligado a escuchar de viva voz las intenciones de su protegido, incluyendo el poco aprecio que le merece la candidez de su mecenas.
    Con todo y ello, ahora descubierto, el infame prosigue con su maquinación, quitándose ya abiertamente la careta, calumniando a su bienhechor, solicitando su detención para privarlo de sus bienes. Y, en efecto, algún corrupto representante de la justicia se apersona requiriendo el despojo. Finalmente, se averigua que el tal Tartufo es toda una pieza conocido en otros lares por sus frecuentes trapacerías y es, así, conducido a buen resguardo por los gendarmes.
    Hermosa pieza que ahora podemos degustar, pero que tantos quebrantos ocasionó en su vida al autor. Ante los ataques, Moliere emprendió una tibia defensa señalando, entre otras, que no pretendió burlarse de las cosas dignas de reverencia y que tuvo cuidado de distinguir al hipócrita del devoto; empero, ya en la posteridad, personajes como Baudelaire consideran el Tartufo como un auténtico libelo.
    Otros señalan que Moliere no escribió la obra con el propósito de acabar con los hipócritas, porque la malicia de la obra no estriba en que en ella Tartufo diga máximas religiosas a diestra y siniestra y tenga pensamientos de hombre perverso, sino que los esconda detrás del disfraz de la devoción.
    Moliere agonizó el 17 de febrero de 1673, en plena actividad y en el papel que desempeñaba en la obra “El enfermo imaginario.”
    El mes de enero es el mes de Moliere, pero en México no se atiende a tal festejo.
    Quizás por ahí se le representa en el teatro universitario marginal. No estoy seguro si el teatro comercial conmemore a Moliere. Me supongo que no.
    ¿Es tan peligroso Moliere hoy?
    Puede ser.
    Hablando del Tartufo, Napoleón dijo que si hubiese sido escrito en su tiempo no habría permitido su representación, y Fouché, en efecto, no la permitió durante su estancia en la república, el triunvirato, el consulado, el imperio, ni en la restauración. Bien. Leamos a Moliere. Cambiemos tiempos y traigámoslo ahora hacia nuestra cruel realidad.
    Sustituyamos escenarios, escenografías, actuaciones y personajes con los actuales que deambulan en el mundillo farandulero de la política y los negocios terrenales y ultraterrenos, y descubramos, entonces, si el dicho de Napoleón sobre El tartufo tiene alcances y aún actualidad.
    Empecemos con El Tartufo y ya nunca más soltaremos a Moliere.

    Ciudad Juárez, Chih.

  4. EDUCACIÓN Y LUCHA DE CLASES
    Por Guillermo Marú Moreno.

    Este mes de mayo se recuerdan los 75 años de las exequias fúnebres de Aníbal Ponce. Aníbal Ponce (Argentina 1898- México 1938) fue un destacado escritor, pensador, psicólogo y político Argentino, amigo y discípulo del gran educador José Ingenieros.

    En 1930 fundó en aquél país el Colegio Libre de Estudios Superiores, algo así como una Universidad Obrera. En ese Colegio, durante el año de 1934 dictó el curso que ese mismo año se resumiría en un libro de antología: Educación y Lucha de Clases. Acosado por gobiernos dictatoriales Ponce se exilió a México, donde participó de manera activa en la vida intelectual y académica nacional, proporcionando sus conocimientos en la Universidad Obrera de México, en la Universidad de Morelia y otros centros educativos. En su libro Una Vida en la Vida de México (editorial Siglo XXI, primera edición 1972), el también ilustre Maestro de diversas generaciones Don Jesús Silva Herzog, se refiere de manera por demás encomiosa a Aníbal Ponce, a quien conoció y trató de cerca. Un accidente automovilístico ocasionó a Aníbal Ponce lesiones internas que a la postre le arrebatarían la vida, murió en la Cd. De México el 18 de mayo de 1938.

    El texto Educación y Lucha de Clases, circula profusamente por las librerías en una impresión popular y de muy buena calidad realizada por Editores Mexicanos Unidos. En los puestos ambulantes y en el Metro esa edición no rebasa el precio de $25.00. En ese trabajo Aníbal Ponce muestra extraordinario rigor metodológico para el adecuado tratamiento de este tema que invariablemente se encuentra en el centro de la discusión contemporánea desde hace muchos años. Utilizando un enfoque materialista, Ponce analiza el fenómeno de la educación, su surgimiento desde la comunidad primitiva hasta la sociedad actual.

    Todavía hace unos 20 años, el libro de Aníbal Ponce, Educación y Lucha de Clases era de lectura obligatoria, no sólo en las escuelas de educación normal para educadores, sino también para aquellos otros centros vinculados al conocimiento de las ciencias sociales. Hoy día, y de manera paulatina, por desgracia, se ha venido abandonando el estudio de Aníbal Ponce, no obstante la enorme riqueza intelectual que en su libro se registra, con elevados niveles de claridad, amenidad y erudición.

    ¿Cómo y cuándo es que surge la educación y cómo es que esta evoluciona atendiendo a ciertos determinantes; cómo surgen el educador, los centros de educación y los recursos para su sostenimiento?. De todo ello nos va hablando Aníbal Ponce con una profusión extraordinaria y apoyado invariablemente en información documental, paralela y aleccionadora.

    Así, por ejemplo, apoyado en estudios antropológicos, nos dice que, en la comunidad primitiva -una sociedad sin clases por las características de ese modo de producción- la educación no estaba confiada a nadie en especial sino a la vigilancia difusa del ambiente natural y social. Ahí los fines de la educación se identifican con los intereses comunes al grupo y se realizan de manera igualitaria en todos los miembros de manera espontánea e integral.

    No es, como habitualmente se cree, que desde Mur, Babilonia, Egipto, pero sobre todo a partir de Grecia y Roma, que siempre ha existido la educación popular y que se ha garantizado el acceso más o menos abierto de los interesados a la educación. No hay tal:

    Lo que denominamos hoy Educación de Masas o educación popular es un concepto muy reciente y ha costado muchísimos esfuerzos y sufrimientos lograr que permee en la sociedad, la necesidad de que la mayoría de la gente acceda a la educación.

    Sócrates, Platón, Aristóteles y muchos otros de los filósofos de la antigüedad griega, al tratarse de una sociedad esclavista, se oponían por razones de clase a la universalidad de la educación. Y, en consecuencia, ésta tenía un carácter elitista. Y de hecho, los educandos de aquella época pagaban no poco el gozar de preceptores. Sólo los realmente muy acomodados podían dispensarse de tal lujo.

    Esta situación se reprodujo en el feudalismo. Aunque son los monasterios básicamente los que salvan los resabios del conocimiento y la estructura de la academia griega y el Liceo, de todos modos aquella educación no deja de ser restringida y elitista. Son las catedrales, ya más avanzado el régimen feudal, quienes en oposición a los monasterios, comienzan un poco más a diversificar entre los legos los accesos a información de diversas características.

    En todo ese largo periodo los educadores eran virtualmente considerados como gente ínfima. Y evidentemente los gobiernos o estados jamás pensaron en sostener a su peculio ateneos o academias.

    Ni siquiera la Gran Revolución Francesa, que vino a actualizar políticamente la caída del feudalismo y el avance y predominio del razonamiento en su aplicación en la ciencia y la técnica, lograron modificar en gran medida el paradigma de la educación elitista. Ni siquiera en las universidades de que hoy tanto se presume, tenían acceso los comunes.

    La educación popular es en el mundo un fenómeno muy reciente y es producto de la tecnificación de la producción y la masificación de las urbes. A nivel mundial, eso lo podemos ubicar hacia principios del siglo XX. No en balde, en nuestro País, el artículo 3º constitucional fue un reclamo sostenido de las fuerzas que contribuyeron al derrumbe del Porfiriato. Y con todo y ello no es sino hasta después de 1930 que pudo asentarse sobre sus reales la gran cruzada nacional por la educación popular, particularmente con las reformas cardenistas. O sea que: Tenemos muy poco en esa vertiente y falta mucho camino por andar.

    Pero ahora, con la Contrarreforma Educativa, con todo y que la cruzada por la educación no ha concluido y vamos a medio camino (actualmente en el México de 2013 hay 6 millones de personas que debiendo saberlo, no saben leer ni escribir, por no hablar de otros rezagos educativos, desde la básica hasta la superior), pretende darse marcha atrás a lo poco que se ha avanzado, y restringir lo que falta por andar.
    ¿Qué es lo que hay detrás de la contrarreforma educativa en realidad?. Dos cosas son las que hay: a) El Consenso de Washington y la Iniciativa de las Américas en los que se determinó que sólo las élites deberían tener acceso a la educación porque a ellas y sólo a ellas corresponde la correcta y adecuada gestión de la sociedad; sólo ellos pueden dirigir y gerenciar a la sociedad, y b) Una cuestión de carácter puramente presupuestal o de finanzas públicas donde se estima el gasto en educación popular como improductivo, toda vez que se considera al individuó como un apéndice de la máquina, en el proceso de una tecnificación elevada: ahí, frente al robot, la educación es redundante, según ellos. Por eso es que se quedan sin acceso año con año 130 mil solicitantes a la UNAM y otros tantos en los de la media superior.

    Eso es lo que hay detrás de todo ello: Un enfoque verdaderamente bárbaro. Como si la educación y la inteligencia fueran atributos exclusivos de los miembros de la élite oligárquica.

    Educación y Lucha de Clases de Aníbal Ponce, no por ser un texto escrito hace ya tres cuartos de siglo deja de tener actualidad. En el largo horizonte de la humanidad, el conocimiento se vino asociando a la educación hasta que llegaron casi a ser sinónimos (no lo son), pero ahora se pretende divorciar a profundidad tales elementos: toda educación o adiestramiento que no sea utilitaria a los fines de la producción debe desaparecer –dicen los neofascistas-.

    ¡Vamos a ver si nos dejamos!

    Releamos a Aníbal Ponce. Lo merece a los 75 años de su muerte.

    Cd. Juárez, Chih. 24 de mayo del 2013

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