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La ladrona de libros

In Libros on marzo 21, 2014 by dewmarch Etiquetado: ,

Antes de acabar el libro tenía cierta claridad sobre lo que quería decir de él, ahora temo no hacerle justicia con mi reseña.

La ladrona de libros es una novela del multipremiado escritor australiano Markus Zusak. Recientemente le hicieron una versión cinematrográfica, que aún no he visto. Catalogada como libro infantil, me parece que merece ser leído por chicos y grandes… tal vez no tan chicos.

La ladrona de libros es una historia situada en la Alemania Nazi, en tiempos de guerra. Su protagonista es Liesel Meminger, una niña de 8 años que es entregada en adopción por su madre al matrimonio de Hans y Rosa Hubermann. Rosa, una mujer de aspecto y carácter duro y de vocabulario florido; Hans, un hombre de una dulzura tan grande, que creo que estamos ante uno de los grandes personajes de la Literatura.

El libro es narrado por la muerte, personaje que, a su vez, se nos descubre exhausta (imagínenla trabajando en una guerra), compasiva y algo cínica, pues de vez en cuando nos hace adelantos de la historia. Por ejemplo, nos cuenta cómo, tras los bombardeos, carga a los muertos en costales o al hombro, salvo a los niños, a quienes lleva entre los brazos. El libro entero tiene esos contrastes: la crudeza, pobreza y necesidad desatada por la guerra, el desprecio sin razón a los judíos y la dulzura de sus personajes, que desborda en amor, amistad, hermandad, compasión, caridad.

Liesel Meminger se convierte en ladrona por error. De hecho, su primer hurto no es tal. La niña ni siquiera sabe leer y es su padre adoptivo, Hans, quien le enseña a leer en el sótano de su casa. En la escuela conoce a Rudy, quien será su gran amigo, su cómplice y que seguro, nos robará el corazón también. Y también está Max, el judío que mantienen en casa y que le enseña a Liesel el valor de las palabras.

Una compañera de trabajo me describió este libro como “bonito”. Pareciera tan simple esta descripción, pareciera que la belleza no es mérito suficiente, pero si caemos en cuenta de que no es algo tan común, entonces el adjetivo no resulta poca cosa. El libro es bonito, sí. Mucho. Y es conmovedor y te sensibiliza de forma tal que no pude evitar llorar mientras leía las últimas 30 páginas; sí, ¡30 páginas llorando! y no discretamente.

Creo que es fácil que una película te arranque lágrimas, pues el cine tiene varios elementos: la propia historia, la música, la ambientación, las actuaciones… Pero que un libro, sin más “argumentos” que las palabras te haga llorar así, no me parece sencillo.

No es, por otro lado, un libro cursi, ni cae en fórmulas ya gastadas y probadas. Después de un pasaje memorable, la misma muerte, nuestra narradora, nos dice: “sería perfecto que te dijera que a continuación pasó esto, pero no fue así”, y tú caes en la cuenta que sí, tal vez has visto demasiadas películas de Disney, o hollywoodenses, en general, pero sí, lo más lógico y perfecto sería que pasara eso que dice la muerte, y no, no pasa; y entonces te das cuenta que esto no hace que lo que acabas de leer sea menos perfecto o menos emotivo.

En mi Círculo de Lectura alguna vez se ha hablado sobre el debate de que la novela es un género agotado. A mí me encanta haber descubierto esta historia, de un escritor joven (39 años), totalmente contemporánea. Aún quedan muchas historias por escribir, lo que nos da a los lectores un universo generoso para elegir, en el que no todos los grandes libros se han escrito siglos o décadas atrás.

Vale la pena leer y dejarse tocar por esta historia.

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